29.3.11

Agua

Voy saliendo del cuarto de baño y, entre un parpadeo y el siguiente, la mirada recorre fugaz e involuntaria las puertas correderas de la mampara de baño.
(Es una de esas mamparas económicas y mentirosas cuya opacidad asienta en un exterior rugoso que emula gotas de agua deslizándose sin orden por las superficies).
La imagen, aún cargada de falsedad, me evoca agua.
(Cuánto se podría escribir acerca del agua).
Dulce, salada, corriente, estancada, subterránea... El agua que entra a formar parte de los seres y las cosas; el agua que es todo y está en todo; el agua que destruye y ampara, somete al fuego, refresca y desgasta, rompe, arrastra lo sólido como si fuera cáscara...
(En el Cirlot, el esquema que dibuja el universo simbólico del agua es un nido de arañas que se extiende interminable por toda una página).
La lluvia en la rua Nova, el manantial de Muñeira, Ballunco, la caída de la Cervigona...
El tubérculo jugoso del lírio flotante...
El agua atroz de marzo en Japón...
Ya fuera, la luz entra por la ventana del recibidor. Tengo sed.

23.3.11

Tolstói

De Tolstói dice S. Zweig que quien ve con absoluta nitidez el mundo no necesita inventarlo, que quien ve con los sentidos y luego escribe, en sus textos no está el ensueño sino la realidad.
F. se alojó en la residencia del ruso, en el distrito de Krapivna, durante el mes de mayo del año 1867. Fatigaron caminos enlodados, cazaron, entablaron conversaciones en francés que concluían al amanecer...
La controversia era sobre todo filosófica.
Los diálogos fueron transcritos y publicados bajo pseudónimo en San Petersburgo en 1901. La nimiedad del texto y su pobre estilo, arrojó sobre ellos la sombra de la duda: se consideraron apócrifas invenciones de un oportunista y se los tragó el olvido.
Aunque en lo esencial puedan, en efecto, ser ensueño, doy por reales algunos fragmentos:
-Cada vez me parece más absurda la vida que me rodea. Cada vez me hace sufrir más, casi físicamente, la desigualdad, el lujo en que yo y los míos vivimos, en medio de la miseria, que no puedo remediar -dice Lev Nikolàevic.
-Ocurre Lev, que todas las familias dichosas se parece, pero las desgraciadas lo son cada una a su manera -responde F.
Hay quien, corto de talento y escrupuloso con las cronologías que ordenan su realidad, afirma que tal escena nunca ocurrió.

12.3.11

Los escritores inéditos, la edición, la autoedición, la coedición, la edición digital, lo que no haré al respecto, lo que sí: declaración de principios

Si es cierto lo que se cuenta por ahí sobre el noble negocio de la edición, los concursos y las agencias literarias, yo no publicaré nunca nada.
Así pues, cuando escribo produzco manuscritos que nunca llegarán a ser otra cosa. Lo seguiré haciendo puesto que, en ejercicio de la libertad que se deriva de mi autonomía de escritor inédito, no estoy dispuesto a:
1) Buscar, de cualquier modo, amistad alguna que me dé acceso a un editor.
2) Solicitar de un profesional representación o intermediación para conseguir un contrato.
3) Autoeditar mi libro en una imprenta y guardar los ejemplares de mi novela en la balda más alta del garaje.
4) Ofrecer dinero a un editor para que haga de impresor y mi novela no llegue a salir del almacén donde ese señor o señora almacena los restos ya amortizados de su noble labor.
5) Que mi novela se asome a una web como un triste enlace descargable, porque es como abandonarla debajo de una piedra en una plaza muy transitada.
Tampoco estoy dispuesto, en el remoto caso de que alguien me edite al modo tradicional, a ejercer de escritor representante de sí mismo: lo que no diga la obra no lo diré yo por ella. Al respecto, creo que muchas de las novelas que se publican y yo leo (con interés, a veces) son novelas ya escritas muchas veces. Al respecto, creo que la promoción de una novela es cosa del editor y que una novela no es un producto de supermercado.
En cambio, estoy dispuesto a:
1) Escribir con honestidad, seriedad y cuidado para que mi novela sea siginificativa para el lector y que su lectura no sea vana.
2) Ofrecer mi novela a editores.
3) Presentar mi novela a concursos literarios.
4) Asergurarme antes de 3) y 4) de que tengo un texto que merece la consideración del editor y del jurado y no les va a suponer una pérdida de tiempo.
5) A callar y admitir su dictamen de no publicación (2) o el de no haber ganado (3), sin achacar el resultado a los editores cobardes o los jurados corruptos de concursos amañados. (Aquí entra en juego la ingenuidad claro está, pero lo doy por bueno porque la ingenuidad es un par de alas que nos permiten sobrevolar el fondo del pozo). Culparé del fracaso a la falta de calidad de mi novela y la revisaré.
En resumen, escribiré porque soy escritor y no puedo hacer otra cosa (ojalá pudiera), pero esta labor artística y honorable no es mi negocio, tampoco es mi ocio (aunque las grades obras fueron escritas a ratos perdidos por individuos no profesionales que al concluirlas eran también escritores inéditos) y porque esta vida es mejor vida que la vida estéril sin literatura.
(Murió David Viñas: somos un poco más tontos).

9.3.11

Sistema

Todo sistema político (por ser eso y no otra cosa precisamente: por no ser por ejemplo un bloque de granito irregular fruto de la casualidad de la crioclastia), es una estructura que sirve a una minoría que lo mantiene, optimiza, perpetúa y se embolsa los réditos de su funcionamiento.
Todo sistema político es la proyección de los subsistemas que lo conforman, acerca de los cuales es necedad intentar establecer teóricamente si son previos a él o consecuencias de su funcionar, o ambas cosas al tiempo... (No funcionan mejor la rosa o el oído desde que hemos nombrado sus partes).
Se entremezclan por ahí: ideología dominante (que suele incorporar religión), modos de producción, organización social, esquemas de distribución de la riqueza, modelos estables de legitimidad...
Todo sistema político es frágil y sus componentes peligrosamente volubles y maleables. Todo sistema es sensible a la alteración de sus elementos y, por lo tanto, es precisa una defensa eficaz frente a cualquier intento de modificación imprevisto y no deseable que pasa a ser interpretado como una amenaza, una enfermedad que requiere cirugía.
La democracia occidental, liberal, no puede definirse así, es final de trayecto: más allá, no hay nada; más acá, la tierra árida de la barbarie... Es un estructura que no parece una estructura, es un artificio que parece natural. Es un sistema necesario diferente a todos los demás sistemas contingentes...
Creemos las mentiras y el tiempo pasa y nos arrastra: viajamos en el tren de Turner entre niebla y lluvia. La realidad carece de nitidez, y tampoco eso es casualidad.

2.3.11

La otra tarde

Sube la escalinata del monumental edificio con el corazón desbocado, pasa bajo el enorme dintel y penetra en la sala diáfana y vacía. Nadie a la vista. Nadie diserta desde el púlpito, nadie en el altar, nadie si no lo consideramos a él que se mueve cauto sobre una tarima de geografías geométricas. La luz de la tarde irrumpe por el rosetón de la fachada y barre el centro de la sala, bajo la cúpula, sin iluminar decididamente nada: un foco tenue que se desplaza en diagonal hacia la izquierda buscando perezosa objetos inexistentes. La iglesia es un arquitectura moderna que más parece un edificio de oficinas por fuera y un pabellón polideportivo en su interior. No hay actividad ni parece haberla habido nunca. Sólo la artificial limpieza impide creer que el lugar ha sido abandonado.
Sale. Desde lo alto de la escalinata observa la ciudad. El horizonte interrumpido por altos edificios. Una maqueta vacía y frágil. Cae la tarde. Nada ocurre. Pasea, toma una bocacalle cualquiera que desemboca en una avenida amplia de doble sentido. La gente pasa a su lado, silenciosa.
Deambula por calles intercambiables que no reconoce. No ve ni escucha nada excepcional o sorprendente. Ni saludos ni amenazas. Se detiene ante un escaparate lleno de televisores cuyas pantallas están apagadas y devuelven su reflejo. Se entretiene gesticulando unos minutos. Los transeúntes no se detienen. El tiempo no pasa: la tarde parece congelada bajo una luz de escenario vacío. La función no comienza. La noche no llega.
Entra en un local poco iluminado y desierto. Emerge perezoso un camarero por una puerta lateral con gesto de haber sido interrumpido. Se sitúa ante él, le sirve y desaparece. Bebe lentamente y su sed se mantiene intacta. Pasa por el retrete, paga y vuelve a la calle. Su sombra se proyecta todavía nítida en la acera. Pasa junto a un individuo que vende globos, pasa junto a un individuo estático disfrazado de dios egipcio, pasa junto a un individuo vestido con gabardina y pantalón de camuflaje, pasa junto a una mujer obesa que sostiene una bolsa de supermercado llena de fruta.
Camina a casa, se tumba en el sofá después de bajar las persianas. Se siente algo vacío y sólo. ¿Quién no se siente así en ocasiones?, piensa. Se acuerda de la cerveza que sigue en su estómago, transformándose en otra cosa y dejando un regusto ácido. No tiene hambre, ni frío, ni sueño. F. no detecta ninguna necesidad. Si acaso, forzando un poco, algo de sed.
Todavía se van sucediendo otros pensamientos pero decidí dejar de enumerarlos. Me fui de su lado sin despedirme.

Matrix

Hay una realidad creada en la que damos por bueno vivir, a la que nos sometemos y contribuimos. Matrix existe como espejismo que nos deslum...