28.6.16

El Lector

Aprovecho una ocurrencia, probablemente apócrifa, de Borges que decía algo así como que ningún mérito hay en escribir un libro, el mérito está en leerlo, como introito para una somera acotación del ser del lector.
El lector es un individuo ensimismado y absorto en una autocontemplación reflexiva con miras a reformularse sin nunca conseguir cerrar ese endemoniado círculo.
El lector no está contento consigo mismo ni con el mundo en general, busca modelos, de ahí su actividad.
El lector maneja libros, roba libros, atesora libros, acaricia libros, envidia libros..., por lo tanto, no los consume en la acepción comercial del término de modo que no enriquece a nadie con su actividad pero tampoco viene a empobrecese él mismo.
El lector es austero y huraño, le aburren las conversaciones inanes que no contribuyen en nada al desenlace.
El lector no lee buscando entretenerse sino para evadirse en el más profundo sentido del término, de ahí su malhumor cuando vuelve o cuando no logra irse del todo.
Decir que habría lectores aunque no hubiese libros es tan cierto como su contrario.
El lector lee en silencio.
El lector lee solo.
El lector no lleva una libreta con citas de los textos que lee: si merece la pena recordar algo no lo olvidará.
El lector a veces se entusiasma y escribe en los márgenes unas cuantas palabras, al hilo de lo leído o no, de las que, por lo general, luego se avergüenza.
El lector no quiere ser escritor por lo mismo que un soldado no suele cambiar de bando.
El lector es un tipo aburridísimo, un viajero que no habla de sus viajes, un mago que no hace sus trucos en público...
Lo que hace el lector es tanto una actividad artística cuanto el resultado natural de una dolencia.
El lector vive en los libros, literalmente, son su silla de ruedas.

26.6.16

P (2)

Habíamos llegado después de la estación de lluvias hacía ahora tres años. Conocíamos con detalle, a través de mapas topográficos antiguos, aquella zona boscosa en el recodo del río, en ligera pendiente de arenisca, remota, despoblada, próxima a la ruidosa garganta, antes de poner un pie allí. Llegamos para cumplir con un encargo de la Asociación Nacional de Ingenieros de Caminos y nos quedamos sin llegar nunca a decidir hacerlo sino poco a poco, incorporándonos al lugar, haciéndolo nuestro con pequeños gestos como construir unas cabañas de madera del todo innecesarias para quienes tenían tiendas de lona suficientes para la quincena que se prolongarían los trabajos derivados del referido encargo.
Todo empezó bien y luego se fue torciendo, por eso la mirada triste de Pele cuando preguntó si recordábamos el principio, la llegada de los seis y todo lo demás.
-Por supuesto que lo recordamos.
Hoy bajo el gran eucalipto hay tres tumbas vacías a las que nunca alcanza el sol, tampoco las alcanzará el fuego si Mac se sale con la suya.

24.6.16

P (1)

En la sala hacía demasiado calor; salimos al corredor y nos fuimos acomodando. Pele se sentó en el suelo, doblándose como una cortina que se descuelga de repente; yo me apoyé en la barandilla de madera que crujió como el gran eucalipto, y Mac desapareció un momento en la oscuridad y emergió de ella sudoroso para quedarse clavado en medio del pasillo con los brazos cruzados a la altura del pecho.
-Tenemos que irnos –dijo.
-Aquí ya no tenemos nada qué hacer –masculló Pele y escupió.
-Id vosotros, si tenéis a dónde, yo me quedo –aporté sin énfasis para no provocar más a Mac.
-No puedes quedarte, voy a incendiarlo todo. Solo me iré cuando haya visto convertido en cenizas todo esto.
–¿Tienes una buena razón para hacer tal cosa? –pregunté para ganar tiempo: sabía que la tenía.
–Puede que no sea buena, pero te aseguro que lo haré, contigo dentro si fuese necesario.
Pele asintió sin mucha convicción, tenía la vista perdida en la noche y respiraba con dificultad.
-¿Os acordáis del principio? –preguntó.
Sopló la brisa agitando los árboles, todo quedó en silencio durante una eternidad en la que se fue desvaneciendo la amenaza.

8.6.16

Sobre lo mismo

La llamada crisis de representatividad asienta en la insistencia de los partidos políticos en tratar a los ciudadanos como imbéciles. Más que argumentar para justificar las razones que hacen que merezcan su voto, pretenden acercarse a hurtadillas y quitárselo como quien quita una golosina a un niño (este símil es intencionado, conforme a lo que argumenta). Este engaño (que debe mucho al menosprecio tradicional de los que se llaman a sí mismos grupos dirigentes respecto al común de los ciudadanos) disimula la oquedad del discurso de los políticos que es precisamente cualquier cosa menos político, facilitan la ruptura del vínculo entre el representante y el representado (y viceversa), y deja manos libres al ladrón para actuar según su criterio.
El método a través del cual todo esto se pone en marcha es el populismo, eso que ningún partido es pero de cuyas fuentes todos beben. El trazo grueso en la crítica (los debates, los vídeos, por ejemplo), la argumentación obvia e irrisoria (ídem), la ausencia de propuestas que vayan más allá de la ocurrencia momentánea, el repetir una y otra vez argumentos que no se sostiene por ver si el aburrimiento les confiere algún vuelo lógico...
¿Qué hay más allá de los partidos? ¿qué hay más acá? La política.

Matrix

Hay una realidad creada en la que damos por bueno vivir, a la que nos sometemos y contribuimos. Matrix existe como espejismo que nos deslum...