1.12.16

Escepticismo

A veces me resulta difícil de creer (dado lo que se oye por ahí al respecto) que todo aquel que tiene una imagen del mundo, de lo éste debiera ser, quiera además convertirla en una realidad (más allá de dar por buenos algunos pueriles lugares comunes) y no que, en realidad, deben, al tiempo que actúan para alentarla, evitar su concreción que conllevaría su fin, clausura, y la tornaría tan inútil para todo como vacíos y sin propósitos a sus ideólogos.

VIII Aniversario de Textos Inmóviles

18.11.16

Desplazamiento involuntario a la derecha

El nacionalismo es una de las formas en que se encarna el populismo; su proyecto político se resume en la apelación sentimental y dramática al pueblo-cultura. La izquierda, intentando esquivar las luces socialdemócratas, se vuelve también al pueblo, aunque en este caso, se dirige al pueblo-político. Ambos tienen respecto al grupo las mismas intenciones: representarlos, buscar su bienestar y felicidad. Y todo en el contexto de la democracia liberal.
Democracia. En expresión de la propia etimología del término, las dos tendencias políticas citadas en el párrafo anterior pasarán a simplificarlo todo dando, en todo momento y situación, al pueblo (a su pueblo) el derecho a decidir, a ejercer su soberanía por encima incluso de las leyes vigentes, olvidando que esas también emanan de esa misma soberanía. Trivializan la democracia. Si no fuéramos malpensados, diríamos que buscando tal vez mejorarla (y, por supuesto, es mejorable) la convierten en un carrusel de referendos y tensiones contraproducentes en tanto que no se acompasan a la legislación. Decir que la ley o se respeta o se cambia por el mismo procedimiento que se aprobó, resulta hoy una opinión conservadora de la peor especie, porque los alquimistas defensores del pueblo han pasado a monopolizar el progresismo.
También nos quedan la revolución para traer lo nuevo, el nuevo origen, otra cosa mejor para todos. Pero si no se elige ese camino, en democracia, saltarse la ley supone erosionarla y cuando alguien se aproveche de sus debilidad y la remate (para servir precisamente al pueblo), la añoraremos y nos dolerá no haberla defendido. Ya una vez la dejamos escapar por no salir por ella en lugar de mirar cada uno a su ombligo ideológico y a su proyecto excluyente y necio.

7.10.16

Particular razón global

A la crítica del iluminismo, como a toda simplificación teórica, se le pueden objetar ciertas obsesiones, un tanto de elitismo, una cierta vaguedad teórica y argumentativa, tal vez una fe excesiva en la intuición, pero sería difícil cuestionar que dieron con un argumento sólido y muy clarificador de los defectos de la contemporaneidad: la Razón, en su versión liberal-burguesa, es el dragón que agosta con su aliento cualquier atisbo de Justicia en la organización de las sociedades y abrió y mantiene abierta esa brecha-acantilado por la que se han ido despeñando todos los ideales contemporáneos, todo lo bueno que imaginamos en común, todo lo que cada uno de nosotros sabe que es lo correcto por más que no sea guía de casi nadie, y acompañó esa caída al insondable abismo con los fragores de los desastres y la infamia.
Esa particular Razón –lo normal para muchos–, a mayores de sus múltiples filos, nació ya con una profunda contradicción: estimar que los supuestos que conforman la vida comunitaria pueden ser cogidos por separado y diseñados según intereses, y que una vez hecho esto, todo funcionará como un sistema eficiente. Irrumpe así el individuo resquebrajado pública y privadamente en facetas (homo economicus, politicus, actor, ludens, luctator, servus...) de cuya integración problemática emerge no tanto una persona cuando un artefacto tal vez complejo pero con pocas palancas que por toda crítica a las fuentes de su miseria opone pueriles quejas.

28.6.16

El Lector

Aprovecho una ocurrencia, probablemente apócrifa, de Borges que decía algo así como que ningún mérito hay en escribir un libro, el mérito está en leerlo, como introito para una somera acotación del ser del lector.
El lector es un individuo ensimismado y absorto en una autocontemplación reflexiva con miras a reformularse sin nunca conseguir cerrar ese endemoniado círculo.
El lector no está contento consigo mismo ni con el mundo en general, busca modelos, de ahí su actividad.
El lector maneja libros, roba libros, atesora libros, acaricia libros, envidia libros..., por lo tanto, no los consume en la acepción comercial del término de modo que no enriquece a nadie con su actividad pero tampoco viene a empobrecese él mismo.
El lector es austero y huraño, le aburren las conversaciones inanes que no contribuyen en nada al desenlace.
El lector no lee buscando entretenerse sino para evadirse en el más profundo sentido del término, de ahí su malhumor cuando vuelve o cuando no logra irse del todo.
Decir que habría lectores aunque no hubiese libros es tan cierto como su contrario.
El lector lee en silencio.
El lector lee solo.
El lector no lleva una libreta con citas de los textos que lee: si merece la pena recordar algo no lo olvidará.
El lector a veces se entusiasma y escribe en los márgenes unas cuantas palabras, al hilo de lo leído o no, de las que, por lo general, luego se avergüenza.
El lector no quiere ser escritor por lo mismo que un soldado no suele cambiar de bando.
El lector es un tipo aburridísimo, un viajero que no habla de sus viajes, un mago que no hace sus trucos en público...
Lo que hace el lector es tanto una actividad artística cuanto el resultado natural de una dolencia.
El lector vive en los libros, literalmente, son su silla de ruedas.

26.6.16

P (2)

Habíamos llegado después de la estación de lluvias hacía ahora tres años. Conocíamos con detalle, a través de mapas topográficos antiguos, aquella zona boscosa en el recodo del río, en ligera pendiente de arenisca, remota, despoblada, próxima a la ruidosa garganta, antes de poner un pie allí. Llegamos para cumplir con un encargo de la Asociación Nacional de Ingenieros de Caminos y nos quedamos sin llegar nunca a decidir hacerlo sino poco a poco, incorporándonos al lugar, haciéndolo nuestro con pequeños gestos como construir unas cabañas de madera del todo innecesarias para quienes tenían tiendas de lona suficientes para la quincena que se prolongarían los trabajos derivados del referido encargo.
Todo empezó bien y luego se fue torciendo, por eso la mirada triste de Pele cuando preguntó si recordábamos el principio, la llegada de los seis y todo lo demás.
-Por supuesto que lo recordamos.
Hoy bajo el gran eucalipto hay tres tumbas vacías a las que nunca alcanza el sol, tampoco las alcanzará el fuego si Mac se sale con la suya.

24.6.16

P (1)

En la sala no quisimos quedarnos por el calor; salimos al corredor y nos fuimos acomodando. Pele se sentó en el suelo, doblándose como una cortina que se descuelga de repente; yo me apoyé en la barandilla de madera que crujió como el gran eucalipto, y Mac desapareció un momento en la oscuridad y emergió de ella sudoroso para quedarse clavado en medio del pasillo con los brazos cruzados a la altura del pecho.
-Tenemos que irnos –dijo.
-Aquí ya no tenemos nada qué hacer –masculló Pele y escupió.
-Id vosotros, si tenéis a dónde, yo me quedo –aporté sin énfasis para no provocar más a Mac.
-No puedes quedarte, voy a incendiarlo todo. Solo me iré cuando haya visto convertido en cenizas todo esto.
–¿Tienes una buena razón para hacer tal cosa? –pregunté para ganar tiempo: sabía que la tenía.
–Puede que no sea buena, pero te aseguro que lo haré, contigo dentro si fuese necesario.
Pele asintió sin mucha convicción, tenía la vista perdida en la noche y respiraba con dificultad.
-¿Os acordáis del principio? –preguntó.
Sopló la brisa agitando los árboles, todo quedó en silencio durante una eternidad en la que se fue desvaneciendo la amenaza.

8.6.16

Sobre lo mismo

La llamada crisis de representatividad asienta en la insistencia de los partidos políticos en tratar a los ciudadanos como imbéciles. Más que argumentar para justificar las razones que hacen que merezcan su voto, pretenden acercarse a hurtadillas y quitárselo como quien quita una golosina a un niño (este símil es intencionado, conforme a lo que argumenta). Este engaño (que debe mucho al menosprecio tradicional de los que se llaman a sí mismos grupos dirigentes respecto al común de los ciudadanos) disimula la oquedad del discurso de los políticos que es precisamente cualquier cosa menos político, facilitan la ruptura del vínculo entre el representante y el representado (y viceversa), y deja manos libres al ladrón para actuar según su criterio.
El método a través del cual todo esto se pone en marcha es el populismo, eso que ningún partido es pero de cuyas fuentes todos beben. El trazo grueso en la crítica (los debates, los vídeos, por ejemplo), la argumentación obvia e irrisoria (ídem), la ausencia de propuestas que vayan más allá de la ocurrencia momentánea, el repetir una y otra vez argumentos que no se sostiene por ver si el aburrimiento les confiere algún vuelo lógico...
¿Qué hay más allá de los partidos? ¿qué hay más acá? La política.

12.5.16

El tema es (de los radicalismos)

Preferentes, rescate a la banca, paraísos fiscales, amnistía fiscal, recortes al estado del bienestar, corrupción y cobertura de la misma, leyes restrictivas de los derechos civiles, reforma laboral para la patronal, patrimonialización de las instituciones, arrogancia, incumplimiento del programa electoral, desahucios, incumplimiento de los compromisos de asilo, muros, incumplimiento del déficit, paro e infraempleo, mentiras, manipulación de la información, privatizaciones, puertas giratorias, dinero gris y negro, criminalización de la oposición, restricción del derecho de la libertad de expresión, pobreza...
Desdemocracia, ultraliberalismo, sumisión a los poderes económicos. Siempre se puede ir a peor.
De las dificultades inherentes a la situación para inducir al miedo a un cambio político.
Las cosas que tienen solución se solucionan solas, las que que no, no.
Sin embargo, pueden arruinar nuestro negocio.

10.5.16

Provisionalidad

Es una conclusión problemática y difícil de fundamentar esa de que un cuerpo social es "mejor" que sus políticos, o sus actores de la política, considerando que se produce una cierta degradación moral en aquel ciudadano que participa en los asuntos públicos que no afecta al que se mantiene al margen de los mismos.
En realidad, la práctica política es fiel reflejo de la sociedad en la que actúa e incluso podría servir, a falta de otra mejor, como prueba de contraste de lo que colectivamente somos.
La sociedad actual, por ejemplo, puede muy bien ser caracterizada en función de los rasgos propios de la provisionalidad. Esto se manifiesta en aspectos como la velocidad de los procesos, la eventualidad de los hechos, la levedad de los diálogos, la fugacidad de las filias... En consonacia, la actividad política que se ejerce en ese ámbito responde a los mismos caracteres, considérese al respecto (a título ilustrativo, no como argumentos): asociémonos provisionalmente para sacar un provecho temporal y ya vermos como lo gestionamos luego; probemos de momento con este candidato y si va mal cambiémoslo luego redimiéndonos al tiempo; mantengamos de momento al viejo líder dado que no es momento de cambios y si va bien nos beneficiaremos además de la virtud de la coherencia y la lealtad de la que otros carecen.
Cabalguemos mientras podamos dado que nadie puede predecir el futuro (ni el destino) de nuestras monturas.

25.2.16

Actualidad (no poder elegir)

La actualidad, esa suerte del aquí y ahora, es una comedia de mala calidad asaltada a menudo por lo trágico. Todo lo asumimos como si fuera "normal" sin caer en la cuenta –o sí, pero sin que ello traiga consecuencias– de que tal cosa no existe, que sus márgenes contienen una estructura interesada que asumimos sin más. Si no es real la normalidad no será irreal su opuesto y, por lo tanto, el espacio en que nos movemos, en cualquier sentido, será a la postre mucho más amplio de lo que pueda parecer. Pero hay rincones que nunca transitamos... cuando elegimos no tenemos presentes todas las opciones.
Volvamos a la actualidad, la rutinaria y necia actualidad del ayer y el hoy, y reparemos por ejemplo en la política –queriendo referirnos a ese jueguecillo fatuo al que asistimos desde hace un tiempo–. ¿Qué argumentos son comunes en ese ámbito?, ninguno; no es necesario argumentar, o lo que es lo mismo, el argumento se ha sustituido por un eslogan que repetido el suficiente número de veces se trasforma en asunto veraz, y sobre él se construye un relato, un cuento infantil, que tendríamos que ignorar (que es a lo que induce su imbecilidad) pero que, por aturdimiento, solemos tratar como si fuese tesis digna de ser pensada o sopesada. Los ejemplo de tales disparates llenarían páginas aunque no tantas como se llenan escribiendo "juiciosamente" acerca de ellos. La excusa para perpetuar este pasatiempo es vieja, tópica y falaz: tenemos lo que merecemos; sin embargo, cuando parece que merecemos otra cosa seguimos teniendo exactamente lo mismo.