22.6.17

Matrix

Hay una realidad creada en la que damos por bueno vivir, a la que nos sometemos y contribuimos.
Matrix existe como espejismo que nos deslumbra. La normalidad se superpone como una estructura diseñada para la acomodación, la tranquilidad, la domesticación.
Someter al hombre capaz de cualquier cosa, al hombre libre para que prefiera no serlo, para que su vida sea ordenada, previsible... Porque sin contrato hace mucho que no estaríamos aquí, que nada sería ya posible, hubiésemos fracasado.
No es un concepto filosófico, es una evidencia, algo tangible, conocido. No se oculta ni se esconde. Se diseña, se alienta, se corrigen sus errores y se expande como modelo global, arrastrando con ella todas sus iniquidades cotidianas, asumidas, toda la barbarie digerible como estadística.
Pocos miran afuera, por encima, por debajo, para ver más allá del engaño. Los que lo hacen reciben la recompensa del desánimo y cierto grado de desesperación ante la imposibilidad de que eso llegue a concretarse en algo, algún beneficio para todos, alguna otra forma de hacerlo... De poder llegar a vivir en la verdad y con razón.

13.6.17

Superar las diferencias

“Es muy importante comprender este hecho: que nosotros somos el mundo y el mundo es nosotros. Podemos tener peculiaridades superficiales, tendencias superficiales que sean diferentes, pero básicamente todos los seres humanos de este desgraciado mundo padecemos confusión, desorden, violencia, desesperación y angustia”.
Krishnamurti (Ser humano, Edaf, Madrid, 2003, 257).
Punto de partida si quisiéramos llegar a algún lugar, a la utopía, por ejemplo.
“Peculiaridades superficiales, tendencias superficiales que sean diferentes”: las culturas y la ideología (a las que se entregan todos como si no pudieran evitarlo y de donde no se deriva ningún beneficio colectivo y sí el don de precisamente envilecerse) motivos centrales de que corra la sangre tan habitualmente (Cf. Cioran).

16.5.17

Un tipo moderno

Dejó incluso de escribir durante un año pero no dejó cada día de tener presente que no le quedaba más remedio que volver a hacerlo.
Dejar de escribir de enero en adelante había supuesto al principio, como toda novedad que creemos poder transformar en hábito, un alivio, como quitarse un zapato apretado, pero pronto comenzó a sentir la rozadura cada vez con más intensidad y todo el asunto comenzó a ser más y más molesto y a estar siempre presente...
Dejar de escribir había incluido todo, también el diario que llevaba irregularmente desde hacía un par de décadas. Y los proyectos inconclusos, y los apuntes acá y allá, y lo de desvelarse y comenzar a contarse una historia que tantas horas de sueño le había quitado. Todo eso también.
Todo y, por lo tanto, cuanto hizo recuento, creyó que apenas nada le quedaba.
La obsesión permanecía, pero era más intensa en la privación. Antes de prohibirse a sí mismo escribir con intención literaria una sola palabra más, la carga que comportaba ser escritor sin escribir, sin dejar de ser una situación molesta, resultaba mucho más llevadera.
¿Cómo explicarlo?
¿Por qué hacerlo o dejar de hacerlo?
Vanidad, sentido.
Y cuando leía sus textos, le parecía todo tan cargado de necedad y tan poco útil, tan manido y ya escrito y leído...
Es un tipo educado y muy aburrido; sin auténticas necesidades y oscuros deseos de llegar a ser mejor de lo que por el momento cree ser.

5.5.17

Emboscarse

En los parlamentos, en los púlpitos, en los mostradores oficiales, se defiende a los perseguidores y no a los perseguidos. Esas son las reglas del juego; con todo, jugamos.
"Vivimos en unos tiempos en que resulta difícil distinguir la guerra de la paz. Los matices han borrado las fronteras que separan el servicio militar del crimen. Esto es algo que engaña incluso a los ojos de los perspicaces, pues la confusión de los tiempos, la culpabilidad general, afecta a cada caso particular." (E. Jünger, 1951).
También dice Jünger que faltan príncipes que piensen en la totalidad y no en lo particular; en su lugar, el poder es detentado por facciones que se nutren de los cuadros de los partidos.
Soslayando el aristocratismo y la ingenuidad del alemán, no andaba descaminado al subrayar, ya entonces, la caracterización de lo político como lugar de choque de lo irreconciliable, de la guerra entre intereses, de la enemistad en la que no existe propiamente diálogo, si acaso conversaciones en las que cualquier acuerdo es un paso atrás, una concesión al enemigo. El espíritu democrático exige que todos estos elementos figuren en el discurso, pero carece de valor práctico. Los partidos se reafirman en el dogmatismo no en la búsqueda de lo común. Los partidos enraízan en grupos, facciones, agrupaciones, que se definen antes que nada por ser el reverso de sus enemigos.
Los totalitarismos fueron capaces de despersonalizar a sus víctimas; también despersonalizaron a los verdugos que "cumplían órdenes" y suspendían su responsabilidad, banalizando las acciones más atroces. Los totalitarismo simplificaron el mundo y el individuo pasó a ser una máquina aniquilable o aniquiladora.
Ahora, militamos, habitamos ideologías y nos acomodamos a decir lo que "hay que decir" y pensar lo que "hay que pensar" si pertenecemos al grupo, si eres unos de los nuestros y no uno de los "otros" odiosos; maquinalmente, irracionalmente: a pesar de no desconocer lo que sucedería si nos parásemos unos segundos a pensar.
"Emboscarse", por volver al alemán, es salir de ese círculo de consignas y militancias.
Lo que está en juego es la moralidad individual en libertad.
Cada uno príncipe de sí mismo, pero príncipe honesto, capaz de trabajar en la reconstrucción de lo común.

Jünger, E., La emboscadura (Der Waldgang, 1951), Traducción Andrés Sánchez Pascual, Tusquets, Barcelona, 2011, p. 147.

24.4.17

Razón y Cultura

Lo que nos humaniza es la razón. Es lo propiamente humano. De ella debe emanar el espíritu de cooperación, la empatía y nuestro sentido de pertenencia a la especie.
El sentimiento es el camino a la barbarie, la apertura a lo instintivo, que culmina en el ensalzamiento de lo propio, el recelo frente a lo diferente, la parcelación cultural, las fronteras y la hostilidad continua.
Humanidad en su totalidad frente a grupo en su particularidad.
El grupo es irracional; la humanidad es lo contrario.
En momentos de escasez de recursos se tiende a la violencia antes que a la cooperación. Esto viene determinado por el sometimiento de la razón al sentimiento. El miedo provoca agresividad. Impera lo instintivo. El resultado es una forma de cultura irracional, excluyente, que cohesiona al grupo por contraste dramático con "los otros". La cultura es un artefacto sentimental.
En momentos de abundancia, la avaricia y la zozobra ante un futuro incierto, actúan en el mismo sentido.
La cultura es el resultado de nuestros errores como grupo. Una vez que actúa como sistema estable nos determina, nos conduce a un necio comportamiento comunitario lleno de rituales ridículos, y es el más cierto y sólido límite a nuestra libertad y nuestra razón.

5.4.17

Inane

Vaciar el discurso o el diálogo es una tarea titánica que en algún momento pasó a ser cualidad de casi cualquier comunicador.
Las palabras propenden al susurro, a la ocultación, a lo sinuoso...
Escuchar a alguien como quien mira a una hormigonera mezclar estruendosa el agua de un arroyo con guijas, caliza y arcillas arrancadas a las laderas.
La amalgama penetra nuestros oídos sin remedio y cada día.
El silencio no nos hace callar, antes bien, estimula cualquier voz.
Todos contribuimos al "no decir nada" intentando dar con una teoría del todo.
¿Deberíamos hablar de lo necesario?
¿Queremos oír lo necesario?
¿Sabemos qué es tal cosa?

18.3.17

Sin título

No
(voluntad, no verdad ni argumento).

Matrix

Hay una realidad creada en la que damos por bueno vivir, a la que nos sometemos y contribuimos. Matrix existe como espejismo que nos deslum...