25.12.08

Cada día

Tengo que hacerme con un cuaderno para llenarlo cada día con unas palabras. Como hacía antes, cuando cualquiera me valía: los blocs de dibujo en cuarta, las libretas escolares, las agendas del año anterior, los dietarios, los libros de asiento... en todos escribía, ninguno terminaba.
Cambiar de cuaderno era llenar la vida como lo es comenzar un nuevo libro o escribir las primeras líneas de una historia.
Deberíamos poder comenzar a escribir en un cuaderno nuevo cada día, leer un nuevo libro cada día, esbozar una nueva historia cada día, y terminarlo todo, no dejar cabos sueltos.
Se precisa: editar novelas de unas pocas hojas, fabricar cuadernos de un par de páginas, imaginar historias de personajes sin futuro...
"Ya todo está inventado", dijo aquel a aquel otro, sin pretensión alguna de originalidad.

17.12.08

Personaje

Dejo en libertad a un personaje: llamadle F. por ejemplo.
Es irreverente, confía y no yerra, es salvaje porque es efímero (por eso mismo sólo lee fragmentos de Proust y ha renunciado a Heidegger). Ríe como aprendió en Bergson, tilda a sus conocidos con maña y gracia. Lleva siempre un diccionario en el bolsillo que arroja con cualquier pretexto. No habla del tiempo, ni de la higiene, ni de los políticos, ni saluda, ni negocia. Escuha la radio pero no la oye. Una vez se mareó con Beethoven, Fauré le obligó a encamarse dos semanas. Cuando salta, espera recompensa, cuando tropieza asume el perjuicio. Jamás pronunció frases como no me esperes despierta, si tardo llama a la policía, usted primero, tenía yo tres años... Carece de opinión sobre el sabor de las filloas.
Nunca le di un amigo, no lo iba a necesitar en ninguna de las 100 páginas de su vida que ya no escribiré.

15.12.08

Correcciones al dietario voluble

Creo de Renard debió decir (y lo que aparece que dijo es sólo error tipográfico): "uno se cansa de escribir, bien". O lo que es lo mismo: estupendo que uno termine (cuestión de madurez, de claudicar a lo que las cosas son) por quitarse de encima tan pesada losa y pueda ir a sus asuntos (por ejemplo a leer) sin estar todo el día a vueltas con esta tarea tan sin fin y tan inane.

Para los inéditos, el verdadero escollo (de los que nos esconderíamos, a quienes retiraríamos la cara, para los que no estaríamos) son los editores acomodados, no los críticos literarios, que ningún perjuicio o beneficio pueden causar a los que nada tienen que perder ni ganar.

El dietario de Vila-Matas es, en verdad, muy voluble: "no todos los días tenemos el mismo nervio", decía mi abuelo.

11.12.08

El Juego

El asalariado aumenta el herario público con sus aportaciones para que pueda haber reparto, gasto público. Cuando la Crisis, tiene que admitir que ese dinero reviertan en su pagador que salva así su empresa de la bancarrota y puede seguir dando salario al asalariado aunque sea de bolsillo ajeno. Por lo tanto, el trabajador, el que sólo tiene tiempo para el trabajo y ocio para el consumo, cuando la Crisis, trabaja gratis: cobra el mismo dinero que él, y otros como él, aportaron antes para otros fines, se paga a sí mismo.
¡Qué juego de mierda que sólo parece serio si un economista lo describe con su jerga de persona seria y estudiada!
Perdónenme la vulgaridad de queja tan antigua y vulgar sobre el funcionamiento de este mejor sistema posible menos-malo.

10.12.08

Siento el mar

No quisiera que esta terapeútica actitud de escribiros algo cada poco propendiese al ensimismamiento. Hablaré pues de lo externo.
Recordáis las primeras líneas del Hombre sin atributos de Musil, pues aquí, a 397 kilómetros tierra adentro, llegan estos días vientos del oeste tan violentos, frentes tan inusuales, que la sal marina se acumula en el suelo como nieve, que el cielo se ha llenado de gaviotas desorientadas, que se han tenido que retirar camiones de algas de las aceras, de entre los arbustos, de los canalones. Esperamos que escampe, que cese este otoño marino, con los pies fríos y los brazos doloridos, cansados...

9.12.08

Caminos hacia Sylvia

A menudo los caminos por los que llegamos a un escritor se trazan a la manera de itinerarios simbólicos, enigmáticas rutas del alma, que sólo a la postre, o si cabe jamás, alcanzamos a advertir conscientemente. Cuando la revelación es ya un hecho, caemos en la cuenta de que han sido ellos los que han perseguido obstinadamente nuestra atención; sólo nos hemos dejado guiar mansamente. Ésta ha sido, aliviada de pormenores, mi experiencia con la escritora norteamericana Sylvia Plath.
(Fragmento de un estudio sobre la escritora: Angela Romero)

4.12.08

Marcelín

Esta tarde, la lluvia de agosto llena de perlas la higuera, raya el paisaje a plumilla, paraliza a las ovejas, limpia el camino, aleja el montón de paja de la posibilidad del fuego...

Vertí un poco de aguardiente de cerezas en el vaso, encendí una pipa armada con poco esmero, bajé la persiana pero no del todo, dejé seis dedos para poder ver fuera, cogí el libro de Cioran, la manta y me arropé en el sillón a esperar la lluvia: ¡jodida vida de posturas y tópicos sacada de los libros!

Muy claramente Emil Michel Cioran dice más desde la intuición que desde la reflexión, por eso es tan poético, tan sombrío, tan conmovedor. Por eso te pasma con esas frases pétreas que parecen esconder cada uno de los componentes precisos que entran en esa mezcla bárbara que es la vida.

3.12.08

Varia

Tanto te quiero que si fueses inmortal soportaría yo serlo también (Na).

...apenas esbozos, retazos, gestos, pálpitos, tentativas, lineas huérfanas... tal vez fragüen en algo (Gellu).

Admiro a algunos escritores actuales (De Lillo, Vila-Matas, Bolaño, Castellanos Moya, Hidalgo Bayal...) pero admiro mucho más, hasta odiarlos, a todos esos hombres inmortales e indemnes que nunca sintieron la necesidad de la literatura.

Me gusta salir al campo pero no tardo en sentir la necesidad de volver entre las bestias.

Este blog mata, es silencioso, vulgar, anómino aunque se llame como su autor casi, es libre sin más, no necesita, nunca necesitará, sin embargo es lo que tiene que ser y es y ha de volver infinitas veces.

2.12.08

Esto, eso, aquello

Os diré algo de lo que veo desde detrás de esta mesa de despacho en la que apoyo los codos: nada y todo al tiempo si pestañeo, en el instante de la ilimitada oscuridad, en el pliegue del abismo, en la frontera y límite al que tendemos sin alcanzarlo nunca como somos sino que lo alcanzamos no siendo ya. Veo la muerte, la puta muerte que no tiene prisa por entrar en la vida.

1.12.08

La escuela (nueva novela, fragmento, título provisional)

1. Bergerette y Pavana

Entablemos monólogo, batalla, en los primeros compases de esa música que suena cada tarde. Con ella, ineludible, comienza esta historia.
Si aguardáis en silencio, oiréis a este narrador mudo y analfabeto. Es suficiente que los fragmentos de la fábula transiten por su pensamiento para que ésta llegue a vosotros nítida y exacta.
Oídle:
he aquí algunas resonancias de la capa tisular de mi corteza cerebral. Soy el responsable de esta novelería y, al tiempo, un desdichado personaje cegado, en opinión de todos, por una maldad natural y necesaria. Silencio, suenan las cuerdas…, los primeros compases…
La música es una grabación antiquísima de las Old Dutch Dances de Julius Röntgen, su Op. 46, la número 5 y la número 6, Bergerette y Pavana. Suenan en todos los altavoces que aún están en uso en la región. Durarán cuatro minutos y veintiocho segundos y le sucederán, como siempre, Durch die Wälder, en la voz del tenor Peter Anders, en una grabación anterior a la primera en treinta y cuatro meses, que durará seis minutos y cuarenta y nueve segundos. Y así sucesivamente. Doce composiciones en total.
Sucesivamente, invariables, suenan en el crepúsculo cada día. Con ellas, Bartolomeus Mundt despide la emisión. Hoy, en el monólogo que las precede, se ha referido a los estragos de la lluvia en las veredas, ha perorado sobre la conveniencia de mantener libres de maleza los bosques, ha enumerado noticias irrisorias, llenas de mentiras y de datos insignificantes, tal vez extraídas de antiguos noticieros, ha traído a colación de nuevo la ausencia injustificada de un alumno a la sesión matinal de la Escuela, ha rememorado una guerra lejana que quizá sólo se libre en su imaginación.
Este cuento ha comenzado cuando arrancó la música y terminará cuando cese. Entonces sí notarán su falta los personajes, oyentes, que hasta entonces parecen no haber advertido su presencia. Entonces sabréis vosotros, los lectores, lo que yo sé y he querido entregar de ésta historia, será vuestra, podréis sopesarla, y concluir si os ha sido de utilidad dilapidar un instante de vuestras vidas, miserables y cortas como la mía, en conocerla y atesorarla.


En el principio, Ángela Mastra está ante la ventana mirando a lo lejos. Bartolomeus Mundt derrumbado en un sillón, exhausto después de tres horas de programa en las que no ha dejado de hablar. Sem Mastra ovillado en su rincón, sufriendo un intenso dolor de espalda, envidiando a sus compañeros que se van con las Lavanderas y abandonan la Escuela siquiera unas horas cada día, convencido de haber reunido el vigor suficiente para irse él también. El exanciano Ivo Seques vuelve a casa con paso lento cargando un haz breve de leña menuda. Alban Loos, el luthier, barre por última vez su taller, henchido de orgullo y esperanza. Chabblis, Quine y Morelos, hace rato que se han separado y regresado a sus habitaciones, donde les aguardan infinitas cuestiones sobre las que cavilar.

Matrix

Hay una realidad creada en la que damos por bueno vivir, a la que nos sometemos y contribuimos. Matrix existe como espejismo que nos deslum...