23.1.14

1816 (nuevas aportaciones al origen de F.)

Nadie puede poner en duda que el año 1816 del calendario gregoriano fue una año excepcional, no solo porque comenzó gélido y siguió siéndolo cada uno de sus días desoyendo el mandato de las estaciones, dándose casos de nevadas en el décimo mes en latitudes templadas del hemisferio norte, de densas capas de escarcha en los alféizares exteriores de las ventanas en las más meridionales ciudades de Europa solo unas semanas después de San Juan, de lagos alpinos cuyas superficies no alcanzaron nunca el estado líquido, al igual que las principales arterias fluviales continentales que en invierno y otoño eran auténticos glaciares estáticos de metacrilato... Nadie vio grullas, ni cigüeñas, ni gaviotas, ni golondrinas; ningún caducifolio recuperó la hoja perdida en el otoño anterior por encima del paralelo 40º norte; las plantas no florecieron, los enjambres murieron en sus colmenas y las semillas de la cosecha se pudrieron en los campos anegados de agua gélida que llegaba con las borrascas del oeste... No solo por estos prodigios que se interpretaron como el inicio del final de los tiempos fruto de la descomunal erupción del volcán del monte Tambora de la primavera del año anterior que anegó de cenizas la troposfera y generó imágenes que Turner llevó siempre en su retina, sino también por otros cuya memoria perduró más que la infausta y episódica catástrofe indonesia. Ese año Mary Shelley imagina el monstruo en la villa Diodati, a orillas del lago Costanza; ese año se inventa el velocípedo, ese año naufraga frente a las costas de Senegal La Medusa cuyos despojos pintó Gericault; ese año Rossini compone el Barbero de Sevilla y Schulze descubre que una mezcla de plata y tiza se oscurece al contacto con la luz y registra imágenes efímeras... En la Europa helada del primer año de la Restauración del antiguo orden el brazo de la Santa Alianza reprime los brotes del liberalismo y en un pequeño poblado de los Cárpatos, cuyo nombre no merece figurar en esta página, vino al mundo ese personaje al que llamamos F., quien como sabéis se ha demorado en este mundo decadente que, contra pronóstico todavía perduró, más tiempo de lo que nadie lo haya hecho jamás y al que creíamos mucho más joven.

19.1.14

Musil

F: Su nueva novela, ¿cómo se llama?
M: La hermana gemela (más tarde: El hombre sin atributos).
F: ¿Y en qué época la sitúa?
M: Entre 1912 y 1914. El final de la novela es la movilización militar que desgarró al mundo de tal modo que todavía no hemos podido repararlo.
F: Lo que puede ser visto como un síntoma...
M: Sí, desde luego. Aunque quisiera aclarar que no he escrito una novela histórica. No me interesa la explicación real de los acontecimientos reales. Tengo una pésima memoria. Por lo demás, los hechos son siempre intercambiables. Me interesa el momento imaginativo, quiero decir: lo fantasmal de los acontecimientos.
F: ¿De qué punto arranca usted?
M: Yo presupongo algunas cosas: el año de 1918 nos hubiera traído tanto las fiestas de aniversario de los setenta años de gobierno de Francisco José I, como las de los treinta y cinco del Kaiser Guillermo II. Y teniendo en cuenta este futuro aniversario paralelo los patriotas de ambos países en la novela se lanzan a una apresurada carrera. Lo que quieren es atacarse mutuamente, así como también atacar al mundo. Todo termina en la catástrofe y el lamento de 1914: "No queríamos la guerra". Bueno, resumiendo: comienza lo que he llamado la Acción Paralela. Hay quienes tienen la idea austriaca, que conocen por los recuerdos de otras guerras: Austria se libra del yugo prusiano, quiero decir: tiene que surgir algo así como una Austria universal, hecha a imagen y semejanza del imperio, ejemplo de la convivencia entre pueblos distintos. Desde luego, en la cúpula se encuentra el emperador de la paz. A todo esto, el año del impresionante jubileo, 1918, será la coronación del proyecto. Por otra parte, los prusianos tiene como siempre una idea exacta del poder, su perfección técnica se los permite; desde la acción paralela su ataque ha sido planeado también para 1918.
F: Es decir, la ironía es el centro de la novela. No quisiera preguntarle ahora sobre este tema, sino otra cosa: ¿cómo pone usted ese mundo en movimiento, esos dos mundos?
M: Introduciendo primero a un hombre joven que ha sido educado y entrenado ejemplarmente en el conocimiento y el saber de su época, alguien que domina la física, las matemáticas y la técnica. Alguien que entra de lleno en nuestra vida actual porque, para decirlo otra vez, nada hay en mi novela histórica que no tenga validez aquí y ahora. Mi personaje no sale de su asombro viendo cómo la realidad se ha quedado por lo menos cien años atrás de nuestras ideas.
[...]
Sobre El hombre sin atributos (Der Mann ohne Eigenschaften), 1930, 1933 y 1943.
(Entrevista de Oskar Maurus Fontana a Robert Musil, 1926)

16.1.14

El valor de la crítica

La crítica al sistema no es, ni mucho menos, una pérdida de tiempo; al contrario, es un ganar tiempo, un vehículo eficaz para sustentarlo y alentar sus desórdenes, la garantía de su necesidad (a pesar de todo). El sistema no merece reflexión crítica alguna sino solo silencio. Situarlo como objeto de reflexión presupone que tal modelo de organización pueda modificarse en algo para ser útil o mejorar o hacerse digno o alcanza un estado de estabilidad suficiente, y estas son posibilidades de las que el modelo carece. El sistema no merece ser repensado, ni apuntalado, ni sopesado, solo su absoluta y simple erradicación.

Matrix

Hay una realidad creada en la que damos por bueno vivir, a la que nos sometemos y contribuimos. Matrix existe como espejismo que nos deslum...