Un tipo moderno

Dejó incluso de escribir durante un año pero no dejó cada día de tener presente que no le quedaba más remedio que volver a hacerlo.
Dejar de escribir de enero en adelante había supuesto al principio, como toda novedad que creemos poder transformar en hábito, un alivio, como quitarse un zapato apretado, pero pronto comenzó a sentir la rozadura cada vez con más intensidad y todo el asunto comenzó a ser más y más molesto y a estar siempre presente...
Dejar de escribir había incluido todo, también el diario que llevaba irregularmente desde hacía un par de décadas. Y los proyectos inconclusos, y los apuntes acá y allá, y lo de desvelarse y comenzar a contarse una historia que tantas horas de sueño le había quitado. Todo eso también.
Todo y, por lo tanto, cuanto hizo recuento, creyó que apenas nada le quedaba.
La obsesión permanecía, pero era más intensa en la privación. Antes de prohibirse a sí mismo escribir con intención literaria una sola palabra más, la carga que comportaba ser escritor sin escribir, sin dejar de ser una situación molesta, resultaba mucho más llevadera.
¿Cómo explicarlo?
¿Por qué hacerlo o dejar de hacerlo?
Vanidad, sentido.
Y cuando leía sus textos, le parecía todo tan cargado de necedad y tan poco útil, tan manido y ya escrito y leído...
Es un tipo educado y muy aburrido; sin auténticas necesidades y oscuros deseos de llegar a ser mejor de lo que por el momento cree ser.

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