Sobre lo mismo

La llamada crisis de representatividad asienta en la insistencia de los partidos políticos en tratar a los ciudadanos como imbéciles. Más que argumentar para justificar las razones que hacen que merezcan su voto, pretenden acercarse a hurtadillas y quitárselo como quien quita una golosina a un niño (este símil es intencionado, conforme a lo que argumenta). Este engaño (que debe mucho al menosprecio tradicional de los que se llaman a sí mismos grupos dirigentes respecto al común de los ciudadanos) disimula la oquedad del discurso de los políticos que es precisamente cualquier cosa menos político, facilitan la ruptura del vínculo entre el representante y el representado (y viceversa), y deja manos libres al ladrón para actuar según su criterio.
El método a través del cual todo esto se pone en marcha es el populismo, eso que ningún partido es pero de cuyas fuentes todos beben. El trazo grueso en la crítica (los debates, los vídeos, por ejemplo), la argumentación obvia e irrisoria (ídem), la ausencia de propuestas que vayan más allá de la ocurrencia momentánea, el repetir una y otra vez argumentos que no se sostiene por ver si el aburrimiento les confiere algún vuelo lógico...
¿Qué hay más allá de los partidos? ¿qué hay más acá? La política.

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