Apunte desordenado

Por ejemplo, está muy sobrevalorada, como tantas cosas, la idea de libertad (también la de felicidad, con quien comparte tantos rasgos). Es algo que no se puede tener en verdad allá donde exista cualquier tipo de institución, donde se articule una comunidad la libertad se tambalea. No es de extrañar que se hable de ella, es el espíritu de la ideología que fundamenta nuestro sistema; todo se mide por ella y desde ella, cualquier cosa si es buena tiene que ofrecer, comportar libertad, como si fuese algo dispensable, como si fuese cualidad de mercancía también eso y no ya cosa nuestra de por sí. Lo normal son en cambio los límites, muy densos, que nos rodean, nos envuelven, y hacen de nuestra capacidad de acción algo muy debilitado y mustio; y no es la libertad de los demás, son las circunstancias de la vida humana: imposible solos, con los demás irremediablemente sometidos de algún modo aunque sea a cambio de sentirnos protegidos, dependiendo unos de otros y de los instrumentos que creamos.
Menos se habla de igualdad, por ejemplo (hermana de aquella, esencial muestra de nuestra capacidad para vivir juntos sin menoscabo de ninguna dignidad), o de respeto (creyendo tal vez que comportaba un algo de humillación a una autoridad, se sustituyó por tolerancia), colaboración entre iguales (empresarialmente, tal y como se piensa el mundo hoy día, se habla de trabajo en equipo), discusión- diálogo entre iguales no falaz (para esto no hay sucedáneo contemporáneo, hoy no se discute si no se puede hacer de ello un espectáculo de ofensas)... Hay valores cívicos que hay que recuperar yendo al fondo de las cosas y los conflictos y excluyendo frases hechas, tópicos y necedades varias que llenan el discurso mediático, tan popular, tan inútil, tan adormecedor de posibilidades.

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