Simplificación 2ª

De las iglesias ya hemos dicho que poseen el mundo en detrimento del hombre y sus otros -más modestos- sistemas, y que deseando precisamente poseerlo en exclusiva traen el conflicto, porque mejor siempre que la paz improductiva es la confrontación proveedora.
Añadiremos ahora que las iglesias no son, ni podrán nunca serlo, democráticas, puesto que los cauces mínimos de tal modelo son el reversos de sus propios cauces.
No hay iglesias democráticas como no hay conejos que coman carne de perro.
Sin embargo, es la democracia quien les permite crecer y de ese crecer en el caldo de cultivo de la libertad se deriva una triste paradoja: creciendo ellas, retrocede aquella, se diluye y solo queda su nombre vacío de cualquier posibilidad.

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