Por qué un hombre salta

"Un minuto que pusiera en tu cabeza lo que yo siento y me comprenderías, alcazarías a ver de qué te estoy hablando, lo que quiero transmitir y solo con palabras, las ordene como las ordena, no puedo", soltó el tipo, que hasta ese momento había permenecido en silencio.
F. le pidió que se tranquilizara: "llegaremos a un acuerdo, solo es cuestión de dar algunas vueltas más a este asunto".
"Con consejos vengo, para mí no tengo", masculló el otro.
Se le fue haciendo antipático: "acércate, así no se puede mantener una conversación".
"Esto no es una conversación".
F. cambió de estrategia: "Lo sé. Esto no es nada: salta y no nos hagas perder más el tiempo".
"Si estuviesemos muertos, nos causaría temor la vida ", dijo, y saltó...
F. estaba contento: había contribuido a solucionar un asunto que se había puesto muy feo. Nadie se lo agradeció.

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