Alambrada como metáfora

Alambre de espinos, de púas, alambrada de bambua, concertina de cuchilla larga, de anzuelo, de sección helicoidal con refuerzo central de acero galvanizado para control callejero de masas, para control fronterizo...
No pases, quédate donde estás, no eres bien recibido, mantente ahí tú y tu enfermedad, en cuarentena.
En Senderos de Gloria una patrulla de reconocimiento sale de la trinchera, se arrastran por el barro en la oscuridad de la noche, pasan bajo alambradas espirales... Cuando se abre el plano el acero trenzado resulta ser la única vegetación en esa devastada tierra de nadie... Una metáfora.
El siglo XX es mucho más un siglo de alambradas y muros que de diálogo y concordia: atravesó veloz el odio y perezosa la razón sus largos años.
El muro tiene larga tradición y, sólido o sútil, material o mental, ahí sigue: eficaz modo de resolver cualquier infección. La alambrada es más reciente, tecnológica, crepuscular..., un buen invento, una excelente idea para afligir, delimitar, intimidar a los curiosos e indeseables: el equivalente industrial a los vidrios rotos en lo alto de la tapia.
Con el tiempo y la evolución nuestras manos terminarán siendo cizallas.

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