Mundo ínfimo

F. sabe que es un individuo vulgar y lucha para que nadie lo desplace de esa existencia perfecta. Ningún empeño, obligación, imposición, necesidad de desagravio, culpa o desconsuelo, impiden que puedar pasar horas siguiendo, por ejemplo, a Glenn Gould traduciendo a Bach. Cree firmemente que es mejor ser simple que ser listo y más saludable callar siempre (incluso aquello que muchos estimamos necesario decir). F. no colabora, ni se asocia, ni se suma a la multitud. No pesa sobre él la obligación de ser alguien, ni precisa el respeto (mucho menos el amor o el odio) de los demás. F. no admira a nadie ni tiene modelos. Vive libre en su mundo ínfimo que estaría vacío si él nunca hubiese existido.
F. desaparecería si sospechase sólo que aquel al que un día, por debilidad, imaginó, sigue pensando en él.

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