Existencia de F.

Podría decir que, en cierto modo, F. lo controla todo, pero no sería decir cosa enteramente cierta.
Un día F., no por vanidad sino por manía analítica o para estímulo del recuerdo, decidió que quería ver escrita su biografía. Imaginó a un escritor e imaginó cada uno de los fragmentos de su vida que aquel habría de escribir e, incluso, el lugar donde convendría que fueran escritos: aquí, ocultos a la vista de nadie.
Más exacto sería pues decir que F. lo controla absolutamente todo (excepto algunos aspectos de su trayectoria, obstinados pero irrelevantes).
Así, F. existe y, por lo tanto, yo no.

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