Marcelín

Esta tarde, la lluvia de agosto llena de perlas la higuera, raya el paisaje a plumilla, paraliza a las ovejas, limpia el camino, aleja el montón de paja de la posibilidad del fuego...

Vertí un poco de aguardiente de cerezas en el vaso, encendí una pipa armada con poco esmero, bajé la persiana pero no del todo, dejé seis dedos para poder ver fuera, cogí el libro de Cioran, la manta y me arropé en el sillón a esperar la lluvia: ¡jodida vida de posturas y tópicos sacada de los libros!

Muy claramente Emil Michel Cioran dice más desde la intuición que desde la reflexión, por eso es tan poético, tan sombrío, tan conmovedor. Por eso te pasma con esas frases pétreas que parecen esconder cada uno de los componentes precisos que entran en esa mezcla bárbara que es la vida.

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